La teoría de las ventanas rotas aplicada a la casa, a su organización y limpieza, nos explica el motivo por el que nos resulta tan complicado mantener las rutina qué hacen que nuestro hogar se mantenga siempre limpio y ordenado. La teoría de las ventanas rotas es una teoría que parte de un experimento social. Y aunque mi interpretación, aparentemente se aleje de la idea inicial de los investigadores, da respuestas a los motivos por los que siempre nos resulta mucho más sencillo limpiar y mantener limpia una casa nueva que otra que lleva tiempo habitada.

La teoría de las ventanas rotas aplicada a la casa, nos explica la razón de que se nos acumule la ropa sucia en el cesto, a la vez que tenemos la limpia acumulada sobre una silla fuera del armario.

Foto de Michael Eastman. http://www.eastmanimages.com/3091674-havana-1999-2002

La teoría de las ventanas rotas: el experimento

En 1969, en la Universidad de Stanford (EEUU), el Prof. Philip Zimbardo dejó dos coches idénticos abandonados en la calle. Uno lo dejó en una zona conflictiva de Nueva York. El otro en una zona tranquila de California.

Dejó los dos coches abandonados en dos lugares muy diferentes, para estudiar el comportamiento de la gente en cada sitio.

El coche abandonado en la zona conflictiva fue desmantelado por completo en pocas horas. Todo lo que se podía aprovechar se lo llevaron y lo que no, lo destruyeron. Una semana después no quedaba ningún resto en el lugar donde lo habían abandonado.

El coche de la zona rica se mantuvo intacto durante esa primera semana. Entonces el investigador rompió el cristal de una de las ventanillas.




El resultado fue que se desató el mismo proceso que en el barrio conflictivo. En unos pocos días el vehículo quedó en el mismo estado que el del barrio marginal.

¿Por qué el cristal roto en el coche abandonado en el vecindario rico activó el mismo proceso que en la zona marginal?

Según los resultados del estudio demostraron, un coche abandonado con un cristal roto, transmite una idea de deterioro y despreocupación. Ofrece una imagen de ausencia de normas. Como que todo da igual. Todo vale.

Ese cristal roto comienza una secuencia de actos cada vez peores. Se vuelve incontenible, hasta llegar a la destrucción total del coche.

Del mismo modo ocurre si se rompe el cristal de una ventana de una casa. Si nadie lo arregla. el resto de ventanas tardarán muy poco en estar todas rotas. Eso se ve en cualquier edificio abandonado.

 

La teoría de las ventanas rotas aplicada a la casa

 

El resultado de este experimento, lo podemos extrapolar con facilidad a lo que ocurre en nuestro hogar.

Seguro que conoces los programas de televisión en los que salen casas de personas a las que llaman acumuladores compulsivos. Muestran hogares tan abarrotados de chismes que cuesta trabajo pensar que realmente haya gente que pueda vivir ahí. El equipo de trabajo del programa actúa y saca decenas de bolsas y cajas repletas de basura y trastos inútiles. Hasta que debajo de toda aquella mugre reaparece una casa normal.

Es un ejemplo extremo porque quién llega a semejante situación sufre algún tipo de enfermedad.

La situación se descontroló de tal modo que llegó un momento en el que ya no sabían por dónde empezar a resolverla.  La clave está en no perder el control.




Cada uno tenemos unos límites diferentes de tolerancia al desorden. Eso es particular de cada persona, pero todos necesitamos unas rutinas mínimas de mantenimiento para mantener nuestro orden dentro de nuestros límites aceptables.

Son esas rutinas mínimas de mantenimiento las que necesitamos llevar a rajatabla porque son las que marcan el límite entre lo que denominamos “orden aceptable” y “ligero desorden”

El riesgo principal está cuando por alguna circunstancia puntual nos saltamos las rutinas mínimas y pasamos a la fase de “ligero desorden” . Tras unas semanas viviendo de ese modo, se corre el riesgo de normalizar la situación, y lo que antes considerábamos “ligero desorden” pasa a ser “orden aceptable” . Hemos bajado un escalón sin apenas darnos cuenta.

De ahí al caos van unos pocos pasos.

 

Implementa rutinas y di adiós al caos

Y llega un día en el que miras a tu alrededor y no entiendes qué ha pasado, que ves chismes por todas partes y la única solución que encuentras es darte un palizón de limpiar, para volver al mismo estado en pocos meses.

Por eso las rutinas, son tan importantes, porque evitan los palizones de limpiar. Con unas buenas rutinas, el síndrome de las ventanas rotas desaparece.

Manteniendo a raya las pequeñas cosas, dando importancia a los detalles pequeños, la casa se mantendrá siempre dentro de los límites de orden y limpieza que mejor se adaptan a ti y a tu familia.

Si has llegado a un punto en el que no sabes por dónde comenzar a organizarte, recuerda que lo mismo que el desorden es progresivo, la recuperación también lo va a ser.

Si no sabes por dónde comenzar a organizarte, en el apartado de archivos, en este enlace tienes unas plantillas imprimibles que estoy segura de que te van a ayudar a comenzar.

Están adaptadas al método del Manual de la Casa Limpia y Ordenada y recuerda que me puedes consultar cualquier duda que tengas, y te ayudaré encantada.

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Saludos, Pepa Tabero.

 

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