Esta entrada es la primera de una serie en la que voy a explicar los distintos usos que podemos dar al vinagre, ese producto sencillo, barato y de uso tan habitual en la cocina, pero que tiene muchas más utilidades que la de aliñar la lechuga de la ensalada.



En este primer artículo, me voy a centrar en las distintas utilidades que le podemos encontrar en la cocina, que son muchas, variadas y algunas de ellas, sorprendentes.
 
En el mercado, podemos encontrar muchos tipos de vinagre, pero aquí nos centraremos en dos: el de cocina corriente (el barato) y el especial de limpieza. La diferencia básica, aparte del precio (el de limpieza suele ser un poquito más caro), es el color, la acidez y la concentración. El de cocina es dorado y más suave, menos ácido que el de limpieza que es transparente, más a ido y más concentrado.
Un punto que parece una obviedad pero que me parece importante destacar, es que el vinagre de cocina es apto para el consumo humano y el otro sólo sirve para limpiar.




 
Uno de los puntos más negativos que le encuentro al vinagre de limpiar, es que la botella es idéntica a la del vinagre comestible, sólo se diferencia en el color (transparente) y en la etiqueta que pone “de limpieza”. Estoy segura de que a más de una persona le parecerá una tontería, pero a mí, que me reconozco un poco tiquismiquis en cuestión de seguridad doméstica, tener un producto que parece agua en una botella idéntica a la de un ingrediente de cocina, que además pone el nombre del ingrediente “vinagre” seguido únicamente de la coletilla “de limpieza” me parece que es arriesgarse a aliñar la ensalada con un limpiahogar.
 
En mi caso, suelo comprar vinagre de vino blanco del más barato que encuentro porque me da buen resultado para limpiar. Los he probado los dos, y no he encontrado diferencia con el específico de limpieza salvo el color y el olor más fuerte, por lo que al comprar el comestible, me aseguro de que no lleva productos tóxicos incluidos, por lo que en general, a no ser que la superficie sea delicada y sufra con el ácido (mármol, p.e.), no es necesario aclarar la superficie después de usarlo, que es algo digno de tener en cuenta también.
 
 
Dicho esto, paso a enumerar algunas de un muchas utilidades:
 
– La primera, más básica, es la de abrillantar el fregadero y los grifos de la pila.  Sobre todo si son de acero inoxidable, es fácil que queden restos de cal, gotitas y pequeñas marcas difíciles de limpiar.
Para solucionarlo, mojamos una bayeta con vinagre y limpiamos con ella esas manchas. Luego secamos con un paño de algodón. No hace falta aclarar, y aunque mientras está mojado huele, al secarse el olor desaparece. 
 
– Derivada de la primera, viene la de su uso como producto antical. Si no es sólo “mancha de agua”, sino que tenemos el grifo y el fregadero ya con incrustaciones, lo podemos utilizar para fregar esas incrustaciones del mismo modo que cualquier producto “específico” contra la cal. Al terminar, secamos bien del mismo modo que antes, con paño de algodón que no suelte pelusa o bayeta de microfibra.
 
– Las placas, ya sean vitroceramica o inducción, quedan estupendas también si después de limpiarlas con la rasqueta le pasamos una bayeta humedecida y secamos luego.
 
– Si la encimera no es de mármol, también podemos limpiarla con una bayeta y vinagre diluido con agua. Para esto, es ideal poner el vinagre en un bote de tipo “flis”, mitad vinagre y mitad agua y mojar con la mezcla la encimera, pasando un paño o bayeta secos para secarla a la vez limpiamos. Si la encimera es de mármol o no estamos seguros de si el material es sensible al ácido, hay que aclarar rápidamente con una bayeta empapada en agua y secamos después, pero lo mejor es hacer una prueba antes en un sitio poco visible, porque puede estropearse y perder el brillo.




 
Los muebles de la cocina quedan estupendos en la limpieza diaria si les damos con el flis de vinagre diluido y secamos a continuación. Es una limpieza que se hace en un momento y un modo de mantener siempre las puertas de los muebles siempre limpias. Para la limpieza interior de la despensa tiene la ventaja de que al no ser tóxico, no hay riesgo de contacto con alimentos y nos ahorramos el aclarado, pero hay que dejar ventilar el mueble porque al ser un producto con olor fuerte, podría pasar ese olor a ciertos alimentos.
 
El último uso que os voy a explicar en esta entrada, es como producto limpiador interno de la máquina lavavajillas. Esto yo no lo he probado.
La manera es poner un recipiente, por ejemplo un vaso, lleno de vinagre en el lavaplatos vacío y programar un lavado largo a máxima temperatura. Hay quién pone el vaso en la bandeja de arriba, hay quién lo pone en la de abajo. También he leído de gente que pone un vaso arriba y otro abajo, o incluso quién lo vuelca directamente en el fondo de la máquina. Esto último dependiendo de la máquina puede ser desperdiciar producto, porque hay aparatos que antes de coger agua vacían la que queda residual en los filtros, por lo que el líquido que pongamos directamente en el fondo, se iría por el desagüe antes de empezar el ciclo de lavado.
 
Y hasta aquí llega la primera parte de los usos del vinagre. Espero que os haya resultado interesante.
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