En el mercado puedes encontrar muchos tipos de productos que aparentemente tienen una finalidad muy parecida pero, ¿sirven todos para lo mismo? ¿tienen todos el mismo efecto en la ropa? La respuesta es no, y en este artículo te voy a explicar las diferencias.

Cuando compres un detergente para blanquear la ropa blanca, tienes que saber que no puede ser el mismo que te ayude a conservar los colores brillantes en las prendas oscuras o negras, por mucho que te lo vendan así.

 

Dentro de los detergentes, los fabricantes incluyen una serie de aditivos que son los que diferencian unos de otros. En función de los aditivos podemos clasificar los detergentes en: 

  1. Detergente para ropa oscura y de colores vivos, con protectores del color.

  2. Especial para colores claros y ropa blanca (sin protectores del color).

  3. Productos blanqueadores generales, que incluyen lejía (cloro), percarbonato o similares.

  4. Blanqueadores “ópticos” que potencian los blancos.

 

En este artículo te voy a hablar de los dos últimos apartados: blanqueadores ópticos y blanqueadores generales.

 

¿Qué producto debemos utilizar?

Dependiendo del tipo de prendas que vayamos a lavar, necesitaremos uno u otro, porque como he dicho más arriba no todos sirven para lo mismo.



Últimamente es muy habitual leer etiquetas de detergente que dicen que sirven para cualquier color (claro, oscuro o blanco), pero párate un momento a pensar:  el mismo producto que hace relucir aún más el blanco no es posible que sirva a la vez para proteger y avivar los colores más oscuros. Al final estos producto se quedan a medias. Lavan la ropa, pero en cuanto se refiere no terminan de conseguir plenamente su objetivo.

Dependiendo de nuestra colada, usaremos un detergente para lavar nuestra ropa blanca y de colores claros, para blanquear ropa blanca con blanqueadores ópticos, o uno especial para ropa de colores oscuros, con protectores del color.

Detergente para blanquear la ropa blanca.

 

¿Qué son los productos blanqueadores?

Los productos blanqueadores son aditivos que se añaden a los detergentes. El objetivo es que la ropa, aparte de estar muy limpia por haberla lavado, tenga (y mantenga) un blanco reluciente.

 

Los colores se producen por el reflejo de la luz, solar, o artificial. La ropa blanca, según se lava, va perdiendo el blanco puro inicial y cogiendo un color entre grisáceo y amarillento.

 

Esto es, porque rara vez lavamos únicamente la ropa blanca con blanca. Tendemos a mezclarla con ropa clara. Incluso a veces metemos toda la ropa en la misma colada sin prestar atención a la separación de colores.

De este modo, por mínima que sea la cantidad de tinte que pueda soltar una prenda de color. Poco a poco nuestro blanco se va tiñendo y perdiendo el brillo y la blancura.

Evitarlo que eso ocurra y mantener una blancura impoluta es muy sencillo. Hay una serie de pasos que hay que seguir:

  • No mezclar nunca la ropa blanca con la de otros colores.
  • Utilizar siempre un detergente para blanquear la ropa blanca (y hay que comprobar que lo ponga en la etiqueta)
  • Conocer los distintos tipos de blanqueadores y cómo se usa cada uno de ellos.
  • Normalmente, los detergentes en polvo son los más efectivos para lograr los blancos más brillantes sin estropear el resto de colores.


Blanqueadores generales.

En este grupo nos encontramos detergentes que contienen  lejía o cloro (hipoclorito sódico), perborato de sodio, percarbonato de sodio… 

Los tejidos naturales como el algodón, el lino, la lana… responden muy bien a los tratamientos blanqueadores con estos producto. Si estando aun mojados, se ponen a secar directamente al sol, este actúa potenciando los blancos.

De cualquiera modo, estas fibras naturales tienden a oscurecerse con el tiempo y los lavados, sobre todo si lo que se utiliza para blanquearlos es la lejía (hipoclorito sódico). También pierden el blanco si se secan siempre en secadora de modo que no les de nunca directamente el sol.

Los tejidos artificiales, por el contrario, responden de formas distintas en función del producto que usemos para mantenerlos blancos.

La lejía y el sol son enemigos acérrimos de las prendas técnicas o acrílicas. Para ellas, lo mejor es emplear percarbonato y ponerlos a secar a la sombra. De esta forma también se protegen tanto el color, como las fibras elásticas que conforman este tipo de tejidos.



Blanqueadores ópticos: los que “blanquean”.

Los blanqueadores ópticos actúan a nivel de ilusión óptica en las prendas blancas. Lo que hacen este tipo de blanqueadores, es preparar el tejido para que refleje la luz y lograr un efecto de blanco brillante.

Juegan con las ilusiones ópticas del color azul sobre todo, aunque también aplican un mínimo de verde, o incluso rojo (en cantidades imperceptibles). Estos productos, aplicados en dosis mínimas, consiguen anular los amarillos y los tonos grisáceos que, con los lavados, salen de modo natural a las fibras de los tejidos. De este modo, potencian el brillo del blanco sin afectar a los colores claros.

El tipo de detergente específico para lavar la ropa blanca y colores claros que venden habitualmente en el supermercado, basa su poder blanqueador en este tipo de blanqueadores.

Azul añil o azulete.

El azul añil o azulete, es un aditivo que se añade además del detergente.

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El azulete es un blanqueador óptico sumamente efectivo que da un ligerísimo tono azul que potencia de modo extraordinario el color blanco de la prenda.

Hay que tener mucho cuidado con la dosificación. Si se pone más de lo necesario, puede llegar a teñir la prenda directamente de azul. De cualquier modo, este efecto desaparece con los lavados. Si en lugar de blanco brillante, te quedó la ropa azul, no te preocupes porque con lavarla varias veces se soluciona.

Para evitar que la ropa se tiña de azul es preferible no aplicarlo nunca de forma directa en la lavadora. Lo mejor es disolver unas gotas del azul añil en un barreño con agua. Después de lavar la prenda, se pone a remojo en este agua y, tras unos minutos, tenderlo a secar cómo se hace normalmente.

Blanco nuclear.

El blanco nuclear es otro blanqueador óptico de uso muy habitual que se vende en sobres. Es un producto en polvo muy económico que se añade junto al detergente directamente en la lavadora. Es muy común utilizarlo para lavar las cortinas, las toallas o en las coladas de paños de limpieza de color blanco.

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Los inconvenientes de este tipo de blanqueadores ópticos, es que son muy poco ecológicos y a largo plazo hacen que los tejidos se estropeen antes. De cualquier modo en la sociedad de consumo en la que vivimos, los tejidos que compramos vienen con la duración determinada de fábrica. Esto hace que apenas se note el desgaste que producen en las fibras este tipo de productos.

El sol también blanquea.

Como os comentaba más arriba, en los tejidos naturales podemos conseguir un blanco aún más radiante si los ponemos a secar directamente al sol.

El sol es un blanqueador natural, acaricida, fungicida y tiene un resultado maravilloso por ejemplo para eliminar manchas amarillas. Ya te explicaba en otra entrada cómo eliminar la orina de un colchón y parte de la solución consistía en utilizar la luz solar.

Nuevas tecnologías aplicadas a la colada diaria.

Los laboratorios de productos químicos constantemente están investigando nuevos productos blanqueadores ópticos para los nuevos tejidos técnicos que se fabrican.

Trabajan para lograr que el detergente para blanquear la ropa blanca sea cada vez más efectivo. Su objetivo, es que los tejidos blancos brillen cada vez más blancos, siguiendo las exigencias de la sociedad actual que exige blancuras cada vez más perfectas y relucientes.

Investigan las nuevas fibras artificiales que van saliendo. Los tejidos técnicos, fabricados con estas nuevas fibras, están muy lejos de los naturales.

Necesitamos detergentes y tratamientos específicos para mantener su blancura original (que cada vez es más blanca y más brillante)

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Espero que te haya resultado interesante.

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